El apogeo del aforismo


En “La fidelidad al relámpago”, Roberto Juarroz dice: "La literatura fragmentaria prefiere la secuencia breve y concentrada, el trozo expresivo, los restos más valiosos que puedan salvarse del naufragio. Desconfía de la abundancia o el exceso de palabras y cree que algunas cosas, tal vez las más plenas, sólo pueden ser captadas enunciándolas sin mayor desarrollo, explicación, discurso o comentario. Supone que únicamente esa vía estrecha logra capturar la instantaneidad del pensar, de la visión creadora o de la iluminación mística, al no traicionar la momentaneidad quebradiza del fluir temporal."

"Y así el impacto de lo breve se asocia con el balbuceo primigenio y también con el sueño de una sabiduría no mediatizada. De eso se desprende un margen de desconfianza hacia la literatura y la filosofía en general, que al extender o estirar el pensamiento, la creación, la expresión, debilitarían su esencia.” No hay mejor introducción que esta para entrar en el misterioso universo de los aforismos.

Este poeta argentino, que supo ser amigo de Antonio Porchia, destaca que “la literatura fragmentaria pretende responder a la naturaleza misma de la vida y del mundo interior del hombre. Fragmentar alude, aun etimológicamente, a ruptura, partición, fractura, quiebra. El pensar y la realidad no constituyen fluencias homogéneas, sino crispados procesos donde priman las intermitencias, los saltos y los sobresaltos.”

El aforismo, sin lugar a dudas, se compone en el fragmento, diría más bien que surge de la fragmentación, tengo la impresión de que los aforistas naufragaron alguna vez y tomaron pequeños extractos de poesía en su propio naufragio. 

"Lo cierto es que el aforismo, que constituye quizá la forma privilegiada de la literatura fragmentaria, ha ocupado siempre un lugar cuantitativamente escaso pero cualitativamente excepcional en el cuadro general de la historia de la literatura. Su ubicación no ha sido entonces marginal o ambigua, sino más bien central, aunque no abundante.” Agrega atinadamente Juarroz.

Si supiera el poeta de “Poesía Vertical” que, apenas 36 años después de haber escrito esas palabras, el aforismo tuvo una suerte de revitalización gracias al Internet y, sobre todo, a las redes sociales, seguramente estaría contento al saber que las “Voces”, de su amigo subterráneo, se viralizan por todas partes y en todos los idiomas.

Aunque, sospecho, que algo intuía, pues también señaló: "Contrariamente, la literatura del futuro podría brindar al aforismo y al fragmento una perspectiva más amplia y reconocida. Esta sospecha se basa en factores como los siguientes: 1) la modificación progresiva de la relación autor-lector y la aceleración creciente del tiempo de lectura; 2) la necesidad de responder a la breve disponibilidad del pensamiento y atención del hombre actual; 3) la revalorización consiguiente del lenguaje concentrado y la síntesis conceptual y poética; 4) la aparición de algunas obras aforísticas que parecen haber conjugado esos aspectos, aun sin proponérselo, pero con resultados tan inesperados como la edición de más de cien mil ejemplares del libro Voces, de Antonio Porchia.”

Aquel libro fenomenal y misterioso llamado "Voces", tuvo un hijo 66 años más tarde: en el año 2.009 salió "Umbrales", de Alejandro Lanús, esas “astillas de poesía” corrieron la misma suerte que las de su maestro, gracias al fervor de la gente en las redes sociales, quienes se hicieron eco de sus aforismos y los expandieron en diferentes idiomas.

"Umbrales" son aforismos que tienen idéntica profundidad y lucidez que los de Antonio Porchia, con una variedad en su temática sorprendente. Alejandro Lanús, toca la traza del alma de punta a punta, en su amplia vastedad; pareciera que el poeta ha encontrado vestigios lejanos del ser, sus Umbrales son fragmentos de una realidad que cada vez se parte más.

Antonio Porchia y Alejandro Lanús están hermanados en la poesía, en esa trama secreta adonde sólo pueden arribar los buenos poetas y tomar así apuntes en el abismo, para iluminar el camino de los simples mortales, de los ávidos lectores, que somos quienes en definitiva estamos buscando la verdad en la poesía como un estandarte que nos resistimos a perder en la vorágine de la modernidad.

Porchia nació en Calabria, Italia, en 1886, pero una serie de difíciles condiciones familiares lo trajeron muy joven, en 1901, a Buenos Aires, donde vivió hasta su muerte, en 1968. Se desempeñó allí como apuntador en el puerto, trabajó luego en una imprenta y en otras modestas ocupaciones, frecuentando durante muchos años los ambientes de pintores del barrio de La Boca. Allí parecía encontrarse en su casa, silencioso, sencillo, con una discreción parecida a la timidez. Debió posteriormente trasladarse a lugares más lejanos del centro de la ciudad, alargando así el itinerario del número creciente de amigos que no podía prescindir de reencontrarlo periódicamente y volver a constatar su extraña combinación de lucidez y bondad.

Alejandro Lanús nació en Buenos Aires, Argentina, en 1971, movido por la “crisis del 2001” se mudó a Bariloche, en 2003, y luego a La Cumbre, Córdoba, donde vive desde mediados del 2007 hasta el momento. Ambos lugares tienen un elemento común: la montaña. En sus inicios laborales trabajó con ebanistas, luego en la "Bolsa de Comercio", y en el sector comercial de dos multinacionales y en "Radio Mitre”, luego de sus viajes a Oriente, se retiró prematuramente -a los 28 años renunció a todo tipo de trabajo formal. En cambio, eligió tener una vida más tranquila y modesta en la naturaleza. Aunque está apartado del mundo, lo frecuentan diferentes tipos de artistas. En su casa de campo pareciera haber encontrado cierto ensimismamiento y silencio, lejos del ruido mundano, un lugar propicio para escribir.

Aforismos

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